“ESPAÑA ERA EN BLANCO Y NEGRO, PERO EN TAMAMES LA VEÍA EN COLORES”

Ainhoa Arteta ofrece un recital con repertorio de autores españoles en el Palacio de Congresos el 3 de mayo

Durante la conversación con Ainhoa Arteta se cuelan El Principio y Tamames. De hecho, así comenzó la charla telefónica con la artista, tenemos que hablar de su relación con Tamames, pero antes Ainhoa Arteta fue tan generosa que explicó cómo es la vida cotidiana, la que está fuera de las luces del escenario, de una cantante de lírico. A Tamames volvimos casi al final de la entrevista, parafraseando la canción de Serrat, fue un final con beso.

Su instrumento va con usted. ¿Cómo prepara su cuerpo?
Efectivamente, nuestro instrumento lo llevamos dentro. En tanto y cuanto nuestro cuerpo no esté bien, el instrumento no va a responder. Además de tener una disciplina diaria, de ejercicio de diafragma y vocales, no tienen que ser agresivos, son entrenamientos para mover y tener las cuerdas vocales flexibles. Luego está, que es una vida muy sacrificada en ese sentido.

Cuéntenoslo.
Tenemos que evitar, sobre todo si tenemos que cantar, grandes juergas. También, si tenemos alguna celebración, es conveniente que esté organizada lejos de una actuación. Cuando tengo un recital el fin de semana, estoy casi recluida toda la semana. No salgo.

¿Sigue alguna alimentación específica para cuidar su instrumento?
Hay que tener mucho cuidado con el reflujo gástrico que suele aparecer por las noches, viene dado por los nervios o por una comida que lo produce. Tengo mucho cuidado con la alimentación. Es cierto que te vas conociendo. Además, el cuerpo de cada uno responde de distinta forma dependiendo de los alimentos, pero en general, evito alimentos que creen acidez, como puede ser el tomate, picantes,… Hay que tener una dieta limpia y tratarse con medicinas gastrointestinales, sobre todo cuando estás cerca de una actuación, para que no te jueguen una mala pasada los nervios.

¿Nervios?
Sí. Ya lo tengo más controlado, pero ha habido veces que me he quedado afónica, pero no era una afonía de haber utilizado mal el instrumento, venía del estómago. Todo esto lo vas aprendiendo e incorporando a tu vida cotidiana. Por todo ello, decirte que es una vida muy sacrificada, porque nuestro instrumento tiene que estar al 100%. No tenemos micrófono y la mínima que tu cuerpo no esté bien, se nota. Eso sí, como nos preparamos muy bien, a nivel técnico, hay veces que se puede cantar hasta con catarro, es difícil, pero para eso está la técnica.

Su vida está lejos de lo que uno se puede imaginar.
Es cierto. Es como ser una monja. Por ejemplo, si tienes un concierto hoy y la siguiente actuación es a las dos semanas, te puede tomar una cerveza o salir a cenar.

Disciplina pura.
Sí. Es una rutina muy disciplinar. Lo que hago, tanto para recitales o para una ópera, es dormir mucho y hablar muy poco. Es tremendo, porque a mí me gusta hablar. (Risa) Me encierro en el hotel o en la habitación dónde esté, si es mi casa. Estoy más bien sola, tranquila,…

¿Tiene una rutina el día que canta?
Sí. El concierto no empieza el mismo día, comienza la víspera. El día antes ya empiezo a recluirme. Estoy tranquila en la habitación. No hablo mucho y duermo mucho el día que voy a cantar. Igual, me despierto dos horas antes del concierto. Haciendo esto, tomando mis antiácidos naturales, siguiendo todas las pautas que tengo que seguir, me proporciona una tranquilidad mental, que sé que mi instrumento está bien. Le he dado todo lo que requiere. Eso me ayuda a estar concentrado.

¿Escucha música en su camerino?
Sí, música relajante, parece que entras a un spa. Eso soy yo. Tengo una amiga soprano que se pone rock duro. (Risas) Cada uno busca su serenidad mental, donde la encuentre. Es fundamental estar sereno y concentrado.

¿En este espectáculo de Salamanca hay canciones de las que escuchaba en la cocina con su madre?
No. (Risas) Bueno, el repertorio que llevo a Salamanca es un recital Español. El que escuchaba con mi madre eran más boleros, quizá pueda entrar alguna canción que haya escuchado en la cocina, pero siempre con el matiz, tapiz, de lo lírico. El concierto de Salamanca es muy especial, me hace mucha ilusión cantar en Salamanca por cuestiones personales. Además, este concierto es un poco homenaje a todo el repertorio español que tenemos en canción. Es inmenso.

O sea que el público va a disfrutar.
Llevo 35 años de repertorista, tanto de ópera como de recital, y por todo el mundo he ido llevando este repertorio donde hay Granados, Falla, Mompou,.. Hay muchísimo repertorio español escrito para voz y piano. Me divierto mucho haciendo este recital y espero que el público también.

Va a ser variado.
Sí. El recital, a diferencia de la ópera, son muchas historias contadas en dos minutos. Cada una es distinta a la otra. Son como micro-planetas en un universo muy grande. El universo es la canción española y los microplantes son las piezas que nada tienen que ver unas con las otras.

¿Es difícil cambiar de registro tan rápido?
Es un ejercicio muy bueno para nosotros, como intérpretes, porque en dos o tres minutos tienes que entrar en una canción, contarla, cantarla y salir del tema. Vas ‘saltando’ de planeta a planeta. A la vez, van construyendo una coherencia que va llevando de la mano, de menos a más, hacia el culmen de la actuación. Lo disfruto muchísimo y veo que el público también. Espero que sea una buena noche.

Es como El Principito que va de un planeta a otro.
Sí, un poco así. El recital es eso. Son muchas temáticas y se desarrollan en las dos horas que dura el recital. La ópera es una temática que se desarrolla a lo largo de las dos o tres horas que dura.

No es todo oropeles.
Siempre digo que la sombra del glamour es mucho más alargada que la luz del glamour. Tenemos ese rato de luz, que es maravilloso, pero sí que es verdad que cuando se termina una actuación, hay que saber bajar a la tierra. Cuando estás haciendo un recital o una ópera te sientes como si estuvieras en otra dimensión.

Por favor, comparta estas sensaciones.
Por ejemplo. El recital es la conjunción del gran poema, con los grandes poetas con los grandes músicos. Para mí un recital es el néctar de la música. Casi, cuando haces un recital estás tocando la mano de Dios. Eso es gracias a mi profesión. Pero, cuando bajas de ahí, bajas a la vida normal.

¿Cómo se hace?
Hay que tener muchísima conciencia de que vuelves a tu habitación. Tengo que decir que mi familia y mis hijos me han ayudado muchísimo, porque llegas a tu casa después de un concierto, una ópera o un recital, y te encuentras en tu casa la vida normal, como es que al niño le ha subido la fiebre o la niña ha tenido un problema en el cole,… de repente haces puff y dices: ‘Ahora vamos a bajar a lo terrenal’.

¿Se aprende?
Sí, se aprende con el tiempo. Al principio cuesta mucho. Se pasa mal. Además, sientes lo afortunada que puedes ser por tu profesión, porque gracias a ella casi alcanzas las estrellas, con lo que estás haciendo. Y, luego vuelves a la vida real, sabiendo que tienes la posibilidad de alcanzar las estrellas en ciertos momentos de tu vida. Eso es muy grande.

Parece que hemos hablado de El Principito todo el tiempo, primero con los planetas y ahora con las estrellas.
(Risa) Es un libro que yo regalo muchísimo, no solo a niños. El Principito es un libro para mayores o para niños que se lo lea una persona mayor y le explique todas esas metáforas, qué significado tiene con un lenguaje que entienden ellos. Para mí, El Principito es una lectura obligada en esta vida.

Llega el momento. Hay que hablar de Tamames. ¿Ha probado el comido tan típico de esta localidad?
(Carcajada) ¡Hombre! Me he criado con una familia de Tamames, los Muriel. Feli estuvo 40 años en mi casa. Vino de adolescente. Además, cuando éramos niños, mi hermano y yo, pasamos veranos en Tamames en casa de Feli. No lo olvidaré nunca, nunca, nunca esa vida en Tamames.

¿De qué años hablamos?
Finales de los sesenta, principio de los setenta. Nací en 1964. La verdad es que tengo un recuerdo buenísimo. Íbamos a lavar a la fuente. Era la España en blanco y negro, pero en Tamames, yo la veía en colores. Para mí, la familia Muriel es mi familia. Siempre digo que me crie con una salmantina, quizá por ello, tengo esa disciplina y responsabilidad. Feli es mi vida, es como una segunda madre, al igual que su familia, forman parte de la mía. Mantenemos la comunicación completamente.

¿Conoce Salamanca capital?
Sí. Conocía la capital siendo muy niña. Tengo un vínculo muy grande con Salamanca y con los salmantinos. Es una de las ciudades más importantes y bonitas de España, por su Universidad, ocho veces centenaria, significa muchísimo en el desarrollo de la cultura de nuestro país, España. La ciudad de Salamanca no es una ciudad pequeña, es una gran ciudad por el significado de cultura y de enseñanza que le ha proporcionado a muchísimos españoles. Son ocho siglos. En sus aulas se formaron personas que fueron a América, a la Nueva España. Todo esto está en la historia de nuestro país. Hay que tenerlo muy en cuenta.

Share:

Add comment: